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Conseguir una sintaxis más fluida

A veces, los árboles no nos dejan ver el bosque. Es increíble cómo llegamos a perder la perspectiva cuando estamos trabajando en un texto. Tanto que a veces tenemos la solución delante y no la vemos. Como en este ejemplo, que ha surgido en la clase del taller de... leer más

El bloqueo del escritor

por Marisol Oviaño Escribir es mirar, un escritor sólo es una mirada. Por eso me preocupo cuando algún alumno del taller, después del primer mes —en el que escriben a partir de las pautas que les he marcado— y de recuperar la libertad creativa, me dice: —Por favor,... leer más

Taller intensivo de inmersión en la escritura (julio)

¿Escribes, pero sientes que podrías hacerlo mejor? ¿Te gustaría escribir, pero no sabes por dónde empezar? ¿Te gustaría apuntarte a un taller de escritura creativa, pero no tienes tiempo de comprometerte a asistir regularmente durante el resto del año? Si has... leer más

Asombro y desencanto

Asombro y desencanto, publicado por Libros del Asteroide, recoge dos viajes de  Jorge Bustos (Jefe de Opinión de El Mundo). Uno por la ruta cervantina de Castilla, que ya hiciera antaño Azorín, y otro por Francia. Muy recomendable para los amantes de la buena prosa,... leer más

Miguel Espinosa y el olvido del genio

por Miguel Pérez de Lema

¿Qué falló para que Miguel Espinosa  no fuera el gran escritor de referencia de la transición y hoy ya sólo lo recordemos unos pocos? Cuando en 1974 se publica su monumental Escuela de mandarines, el cotarro hizo todo lo que pudo para ponerla en órbita. Contó con el apoyo directo de personajes clave como Tierno Galván, Aranguren, y el crítico Juan Ramón Masoliver, que maniobró para que la novela recibiera el premio Ciudad de Barcelona. A estos se sumaron otros grandes nombres de la crítica que no escatimaron los merecidos elogios a una obra única.

Pero la novela no tuvo éxito. Y hoy es una rareza fuera del catálogo de alguna gran editorial, que sobrevive en manos la benemérita editora regional La fea burguesía, tras haberse caído de Alfaguara.

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Wittgenstein y el prestigio de la incomunicación

por Miguel Pérez de Lema

Puedo morir dentro de una hora, puedo morir dentro de dos horas, puedo morir dentro de un mes o dentro de algunos años. No puedo saberlo y nada puedo hacer ni a favor ni en contra: así es esta vida. ¿Cómo he de vivir, por tanto, para salir airoso en cada instante? Vivir en lo bueno y en lo bello hasta que la vida acabe por sí misma.

Diarios Secretos 
Ludwig Wittgenstein 

Qué cosa tan terrible, maravillosa, y otra vez terrible, fueron las vanguardias. Si este primer cuarto del siglo XXI nos está pareciendo duro de masticar, mejor no pensar en lo que fue el del XX. ¡Hasta su pandemia fue una verdadera plaga bíblica con decenas de millones de muertos!

A los estragos de la Gran Guerra, la caída de los imperios y la citada Gripe Española, se sumaron con furioso afán disolvente el mundo del arte y el del pensamiento. Había que borrar el mundo, acabar con todo, y construir un “hombre nuevo”. Que de ese caldo de cultivo salieran también el comunismo y los fascismos no es casualidad temporal, sino extensión de marca porque ambos eran, ante todo, formas de Vanguardia.

Y la Vanguardia no hace prisioneros.

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